Mujer fea

Era una mujer muy fea, muy fea, muy fea, pero que cuando sonreía, iluminaba la cocina y el salón.
Pilar Roca
Blog de Soledad Felloza

Era una mujer muy fea, muy fea, muy fea, pero que cuando sonreía, iluminaba la cocina y el salón.
Pilar Roca
La Biblioteca de los Elefantes, está revolucionada! Hay emoción por todos los rincones, hay un papá nuevo y una madrina orgullosa!
Seguro que si acercan el oído al ordenador se puede oír risas suavecitas y llanto de recién nacido.
Ya está entre nosotros, ya lo podemos pedir en las librerías, el primer álbum de Félix Albo y Marta Lanzón , Si un día juntásemos todas las camas del mundo.
Es también el primigenio de la Editorial Palabras del Candil, que aunque nos vienen iluminando desde hace algunos años con títulos imprescindibles para los amantes de las palabras, nos regala ahora el resultado de meses de trabajo.
Un libro precioso, cuidado.
No conozco a Marta, pero conociendo a Félix, se que detrás de cada página, hay un regalo para quien lea, para quien cobije en sus manos su pequeño tesoro.
Asi que ahora solo resta hacer eso que de pequeños no nos dejaban, juntar las camas, para estar mas cerquita y para llegar mas lejos con los sueños. Y leer a pata suelta!
Enhorabuena Félix, Marta y amigos del Candil!

Marzo es un mes de batir records de km, lo malo, tobillos hinchados, lo bueno, las decenas de libros que devoro. Los hay de aeropuerto, de tren, de autobús (los menos- que me mareo) y de metro. Los marcadores son fundamentales, para ir dejando la huella de por donde vas. El problema se da cuando estás leyendo un libro que te hace mirar a los lados, y no por miedo, sino porque estás experimentando tal placer, que te parece que todo el mundo está invadiendo ese minuto de deleite que estás viviendo.
Sucede eso con Muriel Barbery y su Rapsodia Gourmet. Con éste su primer libro, recibió el Premio Meilleur Livre de Littérature Gourmande, pero no trascendió de su país. El éxito arrollador de La elegancia del erizo, ha hecho resurgir (por suerte) ésta joyita que trasciende lo gastronómico.
En el corazón de París, Pierre Arthens, el crítico gastronómico mas célebre del mundo, está a punto de morir. Admirado por unos y odiado por muchos, Monsieur Arthens lleva años decidiendo el destino de los chefs más prestigiosos, destruyendo y construyendo reputaciones a su antojo. Ahora en sus últimas horas de vida, su pensamiento se posa sobra algo mucho mas sencillo: busca desesperadamente un sabor único, el sabor que un día le hizo feliz.
Comienza asi a desgranar recuerdos. Al leer uno de ellos fue inevitable volver a una experiencia vivida hace unos meses y que por llevar el año que llevo, no había podido contar. Creo que nada resume mejor esa noche como éste párrafo, porque aunque tal vez no sea el mejor japonés del mundo, es por ahora, en el que mejor me he sentido ( ya se sabe, una cena es mas que lo que comes).
Porque el Koy Shunca es una Rapsodia Gourmet y asi cuenta su primera experiencia con un buen japonés el protagonista del libro:

Fue un deslumbramiento. Lo que franqueó así la barrera de mis labios no fue materia ni agua, tan sólo una sustancia intermedia que de la primera había conservado la presencia, la consistencia que resiste a la nada, y de la segunda había tomado prestadas la fluidez y la ternura milagrosas. El verdadero sashimi ni cruje bajo los dientes ni se funde en la lengua. Invita a una masticación lenta y flexible, cuyo fin no es cambiar la naturaleza del alimento sino solo saborear su ligerísima blandicie.
Blandicie,sí:pues no se trata de blandura ni de molicie; el sashimi, polvo de terciopelo en los confines de la seda, tiene algo de ambas y, en la alquimia extraordinaria de su esencia vaporosa, conserva una densidad lechosa que ya querrían para si las nubes. El primer bocado rosa que provocó tal emoción en mi era el salmón, pero aun me quedaba por descubrir la platija, la vieira y el pulpo. El salmón es graso y dulce pese a ser esencialmente magro, el pulpo es estricto y riguroso, tenaz en sus vínculos secretos que tan solo tras una larga resistencia se desgarran por fin bajo el asalto de los dientes. Miré, antes de morderlo, el curioso fragmento dentado, con reflejos rosas y malvas, cómo el nácar, pero casi negro en la punta de sus excrecencias almenadas, lo cogí torpemente con los palillos, en cuyo manejo apenas empezaba a aguerrirme, lo recibí sobre la lengua, impresionada por su compacidad, y me estremecí de placer. Entre ambos, entre el salmón y el pulpo, hallé toda la paleta de sensaciones del gusto, pero conservando siempre esa fluidez compacta que es gloria pura en el paladar y hace inútil todo licor adicional, ya sea agua, cerveza japonesa o sake caliente. En cuanto a la vieira, se eclipsa nada mas tocar la lengua, de tan ligera y evanescente como es, pero largo tiempo después, las mejillas recuerdan su roce profundo; y la platija, por último, injustamente considerada el pescado mas tosco, es una delicadeza con aroma de limón cuya constitución excepcional se afirma bajo las muelas con plenitud pasmosa.
Eso es el sashimi-un fragmento cósmico al alcance de nuestros corazones, mas por desgracia muy lejos de esa fragancia o ese sabor que rehúyen mi sagacidad, si no es mi inhumanidad…












Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.
¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
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Cada vez que abrimos el buzón, recibimos cariñosas misivas de nuestro banco, Hacienda, seguridad Social, tarjetas de crédito, promociones, recibos del gas, el agua o la luz, mas una serie de folletos sobre viajes, colchones u odontólogos, pero rara, muy rara vez llega un mensjae personal, como mucho el Corte Inglés deseándote Feliz Cumpleaños o el alcalde un nuevo Año, ah y en mi barrio, el Párroco reparte bendiciones. Pero no suele haber mas.
Cuando vi en el buzón un comunicado del cartero de que debía pasar por la oficina a recoger un envío, marché a la lista de recados, agregando el “pasar por correos” como una tarea más.
Grande fue mi sorpresa al recibir una caja grande.
Soy curiosa, asi que sobre que entré al coche no lo pude resistir, abrí el paquete.
El papel que envolvía, antológico y dentro algo precioso que me hizo emocionar hasta las lágrimas.
Un sobre negro, una hoja de papel grueso, una caligrafía de nota. Los motivos, los porqués, dan igual.
Ni Manuel ni yo creemos ser merecedores de semejante regalo por el sencillo hecho de hacer lo que nos gusta.
Recibir a los amigos y mostrarles “nuestra” Galicia.
Pero amantes de los libros como somos, no podemos mas que abrazarnos y abrazar éste libro y aceptarlo con el mismo regocijo conque nos ha sido obsequiado.
Una edición de 1913 de El Practicón, Tratado completo de Cocina al alcance de todos y Aprovechamiento de Sobras que contiene las fórmulas propias y exclusivas del autor para la confección de caldos, sopas, potajes, salsas, guisados, entradas, asados, fritos,entremeses, postres y pastelería,y algunas buenas recetas de aficionados doctos y maestros cocineros antiguos y modernos con un APENDICE que comprende el arte para el mejor aprovechamiento de las sobras, las reglas para el servicio de una mesa y el modo de trinchar y comer los manjares, por ANGEL MURO
Doble alegría, un libro y una carta “a mano”. El día luce con sol, dentro y fuera de mi corazón.
Amigo Luis, ésta es tu casa, gracias, gracias.

Había una vez una rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.
Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.
Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.
Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.
Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.
Augusto Monterroso.
He disfrutado con “La leyenda de ciertas ropas antiguas” de Henry James. Un relato corto de excelente factura. Una reconciliación con la buena prosa.
Inmediatamente y abriendo al azar en el E-Book me sumergí y acabo de terminar El Paraíso de las damas de Emile Zola. Hace tiempo que no estaba tan atrapada en un libro, hueco que encontraba corría a él.
He comprendido porque los puritanos y pacatos de la época se ensañaban con su prosa naturalista.
Me he sentido atrapada de la manera mas sensual por tantas sedas, luces y despilfarros. Esas oleadas de perdición que llegan a través de escaleras que suben y bajan, esa espiral de oscuros deseos, centrada en un gesto tan malsano y pueril, como comprar ropa.
Ha sido inevitable perderme en una escritura tan refinada y puntillosa.
Una sensación extraña la de leer este libro mientras en la ciudad hay rebajas.
Sin querer he mirado con otros ojos. Y eso siempre es bueno.
Me he dado cuenta que el año ha pasado tan lleno de cosas que no he tenido tiempo de contar o hablar de la mayoría de las cosas que leí. Cómo mucho de los libros que leo son de bibliotecas, a veces hasta olvido que leí, asi que para recordarme a mi misma he decidido que éste año aunque no pueda comentar, haré un pequeño post con el título y alguna sensación.
Comencé el año con “Cuentos” de Emilia Pardo Bazán. Una clásica de la literatura gallega que me azora y embelesa por igual.
Luego he descubierto un cuento de Edgar Allan Poe que no se cómo no conocía, que es perfecto para contar “El cuento 1002 de Sherezade”
Al calor del fuego he vuelto a releer algunas aventuras de Sherlok Holmes.
Y después de perdernos una vez mas por Palas, he comenzado a leer “Los Pazos de Ulloa” de la Bazán
Aunque parezca increíble, he comprado el libro y llevo dos horas flipando. Por todo.
Cosa buena, la selección es bastante interesante y de hecho en un tema tan “happy” donde todo son Noeles y renos, que suenen otras historias, no viene mal.
El problema comienza cuando veo la clasificación, un Dostoieski para 10 años, Pardo Bazán para 12 años, Chejov para niños de 7 y eso no sería lo peor, sino una frase que aparece debajo de la clasificación.
En cada cuento aparece especificado el tiempo que te llevará contar la historia y por si te pierdes, al final hay un índice con los cuentos de 4 minutos, 6, 9, 12 o 15.
Hay mas guindas, un CD donde la señora Botella se narra tres historias y hasta ahí podía ir digiriendo, pero al llegar a los análisis personales de dichos cuentos, alucino como ciertas historias se transforman en atacar el aborto, los homosexuales o los medios de comunicación que llevan la información a pobres y ricos por igual, creando en esos pobres la errada creencia de que deben ir a esos otros países para obtener esas cosas.
Y de verdad que hay textos muy buenos, pero las opiniones de la autora de la recopilación, hace que a uno le vengan ganas de hacer algo que no hacía desde pequeña, coger una tijera y dejar del libro, solo lo que me gusta.
La elegancia del Erizo (Muriel Barbery) es de esos libros que yo llamo de tren. De los que devoro cuando tengo funciones en sitios a los que solo se llega en transporte público. Me encanta apilar dos o tres y leer durante horas. Éste entretenido libro, lleno de historias que piden continuación, se ha transformado ahora en la ópera prima de Mona Achache.
Notodo.com sortea entradas para el estreno, si quieren ir o andan por Madrid en esas fechas llenen el formulario, hay 100 entradas dobles.
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