Soledad Felloza - Actriz - Cuentacuentos


Archive for the ‘Epicúrea’


Merengue, merenguito

Otro de los dulces que la infancia de mi país regalaba a los niños, era la torta de cumpleaños.
Y no solo la tarta en si, sino el festín que se desarrollaba alrededor de todos los “restos” de los ingredientes necesarios.
¡Porque la tarta, se hacía en casa!
Recuerdo con particular deleite y cierto rencor, las tortas de mi abuela. Deleite porque era muy buena cocinera y mejor pastelera y rencor, porque había que compartir con mis primos, los recortes de masa, las cucharadas de almíbar, los huevos con azúcar, el dulce de leche, la compota de durazno y el glorioso merengue!
En la familia había dos tartas de cumpleaños, las de invierno y las de verano.
Las de invierno rebozaban de chocolate y de nuez. Las había de varias maneras, selva negra, sacher, marmolada… Todas ellas acompañadas de un chocolate a la taza a la que mi abuelo agregaba un huevo batido al final, un churrete de crema agria o un chorrito de grappa para los mayores.
Y luego estaban las de verano, donde el ingenio popular debía inventar ricas tortas que no necesitaran de nevera, ya que por aquel entonces la luz eléctrica no había llegado a todo el campo de Uruguay y la nevera a queroseno, se reservaba para la casa del patrón.

Mi abuela comenzaba temprano, en la mañana del homenajeado, eso si no había dejado listo de la noche anterior, a preparar el bizcochuelo. Tenía reservados, los huevos de ciertas gallinas, para que el dorado se instalara en la masa, como un sol.
Una lluvia de azúcar caía dentro de un gran cuenco “enlozado”, única compra permitida a unos gitanos, ya que era “de lo mas bonito con esa flor en el medio”.
Luego dos tenedores de los mas grandes, hacían las veces de batidor.
Hipnotizaba el movimiento del brazo y las volutas doradas de masa que se dibujaban cada cierta frecuencia de tiempo, para incorporar aire a la mezcla.
Cuando los huevos “aclaraban” con el azúcar, se agregaba una lluvia fina de harina, con un tamizador enorme. Luego, poco a poco la leche que traía la sombra de la gordura, porque estaba ordeñada desde la madrugada.
Yo rodeaba la mesa con impaciencia, anhelando tener la fuerza para sacudir el cernidor, pero me tenía que conformar con arrodillarme sobre una silla que apoyaba el respaldo en la mesa y dibujar con el dedo sobre la nube de harina que alli quedaba.
La cocina a leña ya estaba templada y entonces mi abuela, rallaba limón, de los que yo había arrancado y enmantecaba el molde.
Una lata de dulce de batata de tres kilos reciclada, daba una tortera inmensa, redonda y capaz de albergar un bizcochuelo, esponjoso y alto.
Cuando estaba listo, se dejaba enfriar y mientras íbamos al baúl que estaba al lado de la cama “grande” a sacar los manteles, el aroma a limón y huevo impregnaba el patio.
Comenzaba entonces la mejor parte. El relleno y el baño.
El bizcochuelo se cortaba en varias capas, que se rellenaban de dulce de leche, cada capa se humedecía con el almíbar que se creaba al hervir melocotones de la huerta con azúcar . Y esos mismos melocotones se cortaban en rodajas. Cuando la torre de tarta quedaba inmensa ( a mis ojos) aun crecía mas, porque llegaba el cuenco con el merengue. No cualquier merengue, el italiano. El capaz de resistir el calor de manera imperturbable. El que mantenía firmes las piruetas que la mano de mi abuela dibujaba sobre la tarta. El que se hacía cumpliendo una regla sagrada, por cada clara 30 gr de azúcar y una cucharada. Cada cinco claras, 50 ml de agua. En una cacerola se hacía un almíbar a punto bola floja y las claras se batían a nieve con las cinco cucharadas.
Desde entonces me atrae esa gota de almíbar que queda durmiendo entre los dientes del tenedor y que era el primer regalo de la abuela. Luego estaban los tenedores del batido,segundo regalo. El hilo plateado del almibar brillaba en medio del mar de espuma de las claras y llegaba el tercer regalo, la olla del caramelo.
Cuando el merengue estaba en su punto, en el momento equilibrista de inclinar el cuenco y no caer nada, llegaba el trabajo mágico de la manga de decorar.
Golpes secos que dejaban una lágrima, sobre la superficie, churretes alargados para el borde y caracoleados para el lateral. Cada huequecito se rellenaba de mas lágrimas de merengue.
Un mar de azúcar cubría la superficie dorada y transformaba la tarta en una torre nevada.
Todos mirábamos ansiosos, anhelando que el merengue cubriera cada rincón, pero que sobrara, que quedara en la manga de lienzo un resquicio, un trazo que nos endulzara la tarde.
Y por milagro, o buen cálculo de la abuela, quedaba merengue suficiente para blanquear lenguas y bigotes. Los dedos recibían el decorado de la manga, que te dejaba soles en la palma, lunas, alguna flor, puntitos, mariposas que se disolvían a lenguetazo limpio.
Luego la siesta, y el baño, y los zapatos nuevos, y el vestido y los primos jugando a la farolera y al escondite y la pizza, el fainá, las empanadas, los “sanguches” de mortadela, el jugolín y la mirinda para el momento estelar, para “elqueloscumplasfeliz”.
Ya oscurecido, correr a cazar bichitos de luz, meterlos en un frasco y dormir con una linterna mágica de luciérnagas y de luna de merengue.

El verano ha llegado y celebraremos hoy los cumpleaños de los niños de Teixeiro. Buscando una tarta que sobreviva fuera de la nevera, recordé la de mi casa. Seguí paso a paso el ritual del almíbar, las claras, el azúcar y aqui el resultado.


Esperemos que sobreviva los 60 km, el calor, los controles y que cuando llegue a los niños, esté tan bella como las que yo tuve. Y quiera la vida que en próximos años, no tengan que estar apagando sus velas en un sitio tan triste, a donde han ido a parar por errores de sus madres y que puedan coger bichos de luz y correr por el campo y jugar con los primos y sentir que les pican las piernas de tanto bicho colorado. Esos bichos que solo te pican cuando corres libre por el campo.

VI Xantanza-Segundas Impresiones

Laderas del Ribeiro antes de la invasión.
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Restaurante Pepe Vieira Camiño da Serpe:emociones al borde del camino

Manuel y yo andamos por la casa ultimando detalles para la Xantanza de mañana (hoy), que esta vez tira mas a “bebenza” ya que nos dedicaremos a descubrir un poco mas las maravillas del Ribeiro. Podría detallar la agenda nutrida que tenemos pero prefiero compartir con vosotros una experiencia gastronómica, de las que merecen todo nuestro apoyo,lo otro ya lo contaré.
Hace exactamente una semana que nos acercamos a conocer (yo)volver (Manuel) a la casa de los Cannas. Durante la comida y el viaje, todo fue elogios. Y como en éstos días, “alosdelosblogs” se nos ha tildado de entusiastas (a modo de descrédito) por una vez y sentando precedente, éste post lo ha escrito Gago y yo solo pongo las fotos. A disfrutar!

En cada una de las mesas del restaurante Pepe Vieira – Camiño da Serpe, en Sanxenxo, está depositada en el centro una pequeña ramita de roble como esta. Toda una declaración de intenciones sobre lo que es este lugar, que nos dejó impresionados y emocionados, en un estado de “gastroshock” similar a lo que vivimos en Arzak. Coges esa ramita de roble, aún con los honguitos y las telas del bosque, en la mano, y ahí se resume el sentido de este lugar. Los platos, uno tras de otro, vienen llenos de las florcitas diminutas, lilas o amarillas, que nacen en los caminos de las sierras gallegas; los líquenes surgen de los alimentos, ilustrando platos de vocación paisajística y ambiental conectados con la tierra. Puede parecerlo, pero aquí, en el Pepe Vieira, nada es efectista ni sobreactuado. Es tan sencillo y lógico como el recorrer de un río.

La primera vez que visité el restaurante -aún no había sido inaugurado oficialmente en esta su segunda etapa (el primer Pepe Vieira estaba en el centro de Sanxenxo)- me quedó una estampa grabada que sólo ahora, de esta segunda vez, entendí por completo. El restaurante se ubica en los montes de Armenteira, a la vera de la Ría de Pontevedra sobre Sanxenxo; desde allí se distinguen playas brillantes, montañas y la densa trama urbana de la costa en la distancia. En Serpe, la aldea, el monte bajo de las sierras se mezcla con la espesura atlántica que asciende monte arriba. De aquella vez, mientras Xoán Cannas -el sumiller y jefe de sala-, nos explicaba el joven proyecto, su hermano, Xosé Cannas, el cocinero, salió cómo espantado de la cocina, salió de la finca y echó a correr monte arriba entre unos toxos y una silveira, con el delantal aún puesto y mi estupor disimulado. No había entendido nada, hasta que en la comida posterior, en el plato, aparecieron unos chuchameles (nombre de flor a la que no encuentro traducción) recién cortados, en un plato de corzo.

No hay restaurante en Galicia en el que uno tenga la sensación de que te estás a comer el contorno, ni en el que se aprecie tan claramente un proyecto vital y profesional llevado a la realidad. Un lugar muy moderno, sostenible, integrado en el paisaje, con capacidad de transmitir por sí incluso, de desvanecerse en el contorno, de ser el contorno, el terroir, la biología, la cultura, pero una cultura de muy adentro, casi tectónica, genética, visual.

Paseamos con los Cannas para ver la huerta que aprovisionará de producto fresco la cocina del restaurante, en un discreto límite inferior de la hinca. La huerta está dividida en tramos por vigas de batea recicladas para separar los cultivos. El cocinero está a procurar un sistema para que la huerta se autoabastezca de agua por sí misma. Y, un poco más abajo, ¿a ver si metemos un porquiño?, dice Xosé entre risas. Recordé un detalle de la primera vez que visité este lugar: el césped aún no había crecido, excepto una pequeña hoja que salía en el prado aun terreno. Los dos hermanos Cannas se habían agachado maravillados viendo crecer ese primer brote que apenas separaba un par de centímetros del suelo. Lástima de foto que no saqué! Ahora la hierba ya ha crecido, y lo hace de manera irregular, como sería en lo natural pero no en la habitualmente milimétrica estética de los grandes restaurantes. Xoán comenta:- La vamos a dejar así, que esto no parezca un campo de golf. Lo mismo sucede con el estanque que otorga luz a un reservado interior, que va evolucionando hasta convertirse en un sistema vegetal con vida propia, con los nenúfares creciendo poco a poco y las larvas de insectos subiendo a la superficie tras nacer. Las ves desde un reservado espacioso, rodeado de luz, en el que los colores de la decoración nacen sobre lo gris del pavimento, el blanco del techo, las nubes que suben desde la línea del horizonte -que es hierba verde.

Aquí dentro, en esta sala con apenas cinco mesas -los hermanos Cannas confían en sustentar su proyecto de alta cocina con las bodas y banquetes que les permite una espaciosa sala-, ocurren cosas maravillosas. Para comenzar, aquí dentro está el mejor servicio de vino y la bodega más selecta de Galicia. Al iniciar la jornada, el camarero pone a enfriar en una enorme cubitera del centro de la sala manzanillas, champanes, otros vinos de aperitivo que se van abriendo según las preferencias de los clientes. La carta de vinos es una maravilla de la literatura: Xoán escribe pequeñas pinceladas que describen las bodegas, y los vinos, en un lenguaje urbano y directo, y allí dentro está su selección gallega, peninsular e internacional. Tras una copa de manzanilla Pastrana, nos recomendó un Borgoña memorable, un Méo Camuzet 2005, de una estructura ligera y cuerpo medio y penetrante nariz que maridaba a la perfección con un largo menú degustación. Xoán Cannas, que fue Nariz de Oro del Estado en el 2004, cuida hasta el último detalle, todos los aspectos del vino, que está presente en todas partes. Antes de entrar en el restaurante, en la esquina aparece un jardín de losetas de pizarra surgen botellas, simulando metafóricamente la posición de la futura bodega subterránea, que estará situada justo debajo de este lugar.

El menú degustación del Pepe Vieira Camiño da Serpe está compuesto de ocho platos; es largo, sorprendente, sorpresivo, muy divertido y muy coherente de principio a fin; entre los platos se repiten elementos que hacen que todo parezca parte de la misma partitura. Todo él es una concesión a la sencillez, a la delicadeza, sin abandonar la necesidad gallega de la contundencia. Se comienza con un tartar de jurel (bien), seguido de un magnífico taco de bonito rojo cubierto de aceite de sésamo y cacahuete.

Después se pasa a un huevo a baja temperatura, con agua de tomate y chícharos tiernos, un plato minimalista en el que se repite con tino ese mantra del Grupo Nueve que es jugar a las temperaturas en las que se puede hacer un huevo. Tras este, se llega al plato más espectacular y flipante del menú, la Tormenta de primaveral: Tierra y niebla no Camiño da Serpe.

En la línea de los platos paisajistas tan de moda en el último año, llega esta maravilla, que en realidad es un foie recubierto de un excepcional crocante de frutos secos, que llega a la mesa recubierta de una campana que mantiene el humo; al abrirla, la niebla desaparece, pero bajo los crocantes permanece con su delicioso olor a tostado, metido incluso la última partícula de este foie y los crocantes. Los crocantes, por cierto, parecen ser muy del estilo de Xosé, como elementos sorpresa que quiebran las texturas tradicionales de los platos e intentan transmitir la sensación de la piedra. Y ahí están, esos montes, con líquenes naciendo como si habían sido granitos.

Tras esta maravilla, el menú continúa con una cigala y su cabeza con unto y espuma de patata, otro juego humorístico de Cannas, que consigue que la cigala sepa a caldo y eches en falta unos grelos y un poco de oreja.

A La cigala le sigue otro crustáceo, un carabinero servido con su arroz caldoso (estupendo).

Un mero a baja temperatura con caldo de espárrago blanco es el siguiente plato (bien).

La carne final es un hermoso roast-beef con queso de mahón y un salteado de tirabeques con una mahonesa de mostaza que supone un suave contrapunto final al recorrido marino.

Una ensalada de fruta macerada en vinagre de jengibre -que degustas acompañada de una aromática infusión de manzanilla y piña con hinojo que ejerce como descanso antes de acometer el postre, un praliné con chocolate blanco, generosamente salpimentado, que es un auténtico peperete, seguido de unos petit fours que llegan con el café.

Pepe Vieira es como un spa gastronómico. A lo largo de esas dos horas, todo cambia lentamente: la iluminación, el silencio, la luz, que va variando con el cielo inestable, los robles movidos por el viento del sur, la lluvia cayendo en el estanque, relajándote y olvidándote del estrés de la semana mientras aparecen sabores maravillosos. Estando aquí, polémicas como la de Santi Santamaría contra la cocina creativa parecen absurdas, propiciadas por bizantinos ociosos. Nos reímos al pensarlo. Estos platos parecen estar aquí desde siempre, sencillos, tan antiguos como los sentimientos, tan modernos como la limpieza, la composición, el ecologismo, caligrafiados con una letra muy personal. ¿Contemporáneos? ¿Atávicos? ¿Y que más da? Deslumbrados. Sí.

El menú largo del Pepe Vieira Camino de la Serpiente está en 62 euros mas IVA y el vino. ¿Los vale? Bien que los abono, claro, pero para los que se deprimieron con esta cuenta, les diré que en la carta del restaurante proponen menús más baratos y con un número de platos menor. Nosotros decidimos arriesgar esta aventura, y fue un auténtico viaje gastronómico que hay que hacer para percibir una forma distinta y auténtica de mirar nuestra cultura de la comida y del paisaje; un mundo de las ideas pequeñas que tejen nuestro mundo, muy próximas a la geografía y a nuestra cultura.

Por lo visto Manué, me ha salido entusiasta también (y por suerte) porque no imagino la vida, las aficciones,los amores, sin entusiasmo.
Luego que marchas, comprendes por qué la puerta de entrada es tan grande, es que la puerta del cielo debe ser parecida y si San Pedro sabe tanto de vino como Xoan, hasta me puedo replantear la cruz en la delaración de la renta.

Texto:Manuel Gago
Fotos:Servidora

Web oficial
Ubicación en google maps.

A Gabeira. Cuando la tradición se viste de fiesta.


Pechuga de pato Barberie con salsa de mandarina y mango salteado

Durante el Fórum Gastronómico, los Nove alegraron el día con su circo culinario. De entre los cocineros (pocos) del Grupo que no conocía, estaba Miguel Ángel Campos. Su tarjeta de presentación fueron unos deliciosos bombones de patata, de los que logré probar uno de marisco, que me llenó de curiosidad.
Así que la semana pasada, marchamos hacia Ferrol. El restaurante está en una vieja casa restaurada, con un precioso color en su fachada, muy cerca de la extensa playa de Doniños, frente a la isla que le da nombre.
El local está lleno, la decoración es cuidadamente clásica, miramos la carta y veo con desilusión que no están los bombones. Al preguntar por el menú degustación nos informan que solo está por encargo y antes de las 3 de la tarde.
Pedimos de lo que nos resulta mas tentador, aunque la verdad que todo suena delicioso. Lo que más sorprende, es escuchar como el camarero, dice a la mesa de al lado una retahíla archiconocida de postres:-flan,helado,tarta de queso…
Uy, cierta duda nos ataca, pero en ese instante llega el primer plato y a partir de ahí todo fue disfrutar.

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Ay, señor Capel

…lo suyo si que es hervir y hervir.

A raíz de lo que se publicó ayer, recordé que hace mas de un año, en éste mismo blog, escribía

El fenómeno blog emerge para Francis Pisano después de la crisis del periodismo y de los medios. Los medios sólo combatían esta crisis a través del ocio, sin embargo, la audiencia reclamaba algo más. Es aquí cuando aparece el término ex – audiencia. Las nuevas tecnologías como Youtube, Menéame, Rss… han hecho que la audiencia experimente nuevas formas y vea a los medios convencionales de otra manera. Ahora esta audiencia participa, escribe en su blog, comenta las noticias, opina…
Restrigiéndome al tema gastronómico, tenemos derecho a opinar quienes no seamos chef?

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Viernes a la noche en calma


Foto:Sole

Este viernes, después de pasada la temporada loca de trabajo (Díadelamujertrabajadoradelibroydelasletrasgallegas uffff) tocaba preparar en casa una de esas cenas que nos gustan, pero que llevan tanto tiempo, que hacía mas de tres meses que estábamos a “salir del paso sano y rápido”. Buscamos en nuestros libros una receta que hiciera gala a un delicioso rape fresco que andaba por casa. De primero estaba claro, cuando estuvimos en Viridiana, uno de los platos fue un delicioso y refrescante gazpacho de fresas y nos apetecía mucho probarlo en casa. De segundo un Rape al horno con cristal de hongos, berberechos y migas crujientes de Subijana.


Foto:La cocina de Akelarre (es lo malo de las cenas, la luz no es buena para las fotos)

Si quieres las recetas…
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Asi da gusto

A Madrid voy varias veces al año por trabajo y de cuando en vez con mi Manuel, tratamos de que la ciudad nos muestre su cara mas amable. Asi lo hicimos esta vez. Tratamos siempre de conocer lo que por los fogones de alli suele transformarse en tendencias y algo de la cocina exótica que como buena capital, ofrece. En el tintero quedó Sudestada, al que hay que llamar, si es sábado con muuuucha anticipación, pero Oam Thong (Manuel debes el post) fue una experiencia que valió la pena con creces.
Lo que si estaba claro, era que iríamos a Viridiana, el paseo necesario luego de la cena, fue una celebración de recuerdos que aun perduran. Me encantó. Luego mi amiga Ana, editora de su libro, me contó anécdotas que lo transformaron en entrañable.Su cocina, su filosofía me atraen y despues de leer lo que ha dicho en su entrevista de El Mundo, definitivamente, solo puede uno quitarse el sombrero, ese de plata con el que te cubren la cuenta y decir:-Chapó, señor García, chapó.

Fragmento de su Encuentro con los lectores de El Mundo

Buenos días maestro. ¿Qué opina de los blog gastronómicos amateurs? ¿Qué le parece que apasionados del comer y del beber compartan sus experiencias por la red? Por cierto, blogs dónde su cocina es mejor tratada que por la crítica y las guías gastronómicas.

” Mi matadora actividad apenas me permite seguirlos, sin embargo es indudable que están cargados de futuro. Tan novedosos que aún no tienen la solvencia, el poso de la crítica profesional, pero a cambio pueden aportar esa visión fresca, cercana y sin tapujos que nace del amateurismo y el anonimato. Y no es difícil presagiar que de esta sopa de letras, que tiene el entusiasmo como estandarte y la inmediatez como virtud, saldrán más pronto que tarde, valiosos profesionales.”

Abriendo cabeza, no como alguno

Y llovía, llovía…

Cuando miré el calendario de actuaciones de este fin de semana y lo cotejé en google maps, salté de alegría al ver que una de las funciones estaba “cerca” del Valle de una amiga muy querida. Exitadas como niñas, organizamos el encuentro.
Solo que no contaba yo conque la función era en una ciudad del mismo nombre, en otra COMUNIDAD!!!
Pero había tantas ganas, que mirando el mapa, encontramos un punto medio y el sitio elegido, fue Tarazona.
Ilusionadas, cogimos la carretera en medio de una lluvia torrencial. Nos ibamos avisando a que distancia estábamos y finalmente en un bar de la plaza principal, nos dimos un abrazo.
Está muy guapa, mas que la última vez, se la ve bien. Hablamos de muchas cosas, y muchas quedaron en el tintero…para la próxima.
Pequeño volcán de vientos, habla de las cosas que le enervan, le emocionan, le cabrean, le hacen reir.Aunque sonrie poco, cuando lo hace se le ilumina la cara, su principito suele ser el origen de casi todas esas sonrisas. Aunque poca gracia le hace que se le independice y se quede mas pancho que dios, aunque la mami se vaya de amigas.

El paseo por la preciosa Tarazona se frustra por la lluvia, lo intentamos, pero en pocos metros quedamos empapadas. Yo ya he actuado en su teatro un par de veces pero me apetecía que sus ojos eternamente curiosos la vieran.
Buscamos un sitio para comer, Las Brujas de Bequer, quedaba lejos, el Saboya desbordaba de invitados a bodas y comuniones.

Entre risas y chismes, preguntamos en una pescatería. Sin dudarlo nos enviaron al Hotel Merced de la Concordia, frente a la preciosa Iglesia de la Merced. La fachada de este palacio reformado del siglo XVI es bonita, pero cuando abres la puerta, una ráfaga de cálidez te invade. Una cuidada restauración da paso a un restaurante luminoso, cuya única pega, son las vistas del patio a una obra que espero se termine en breve dando una imágen acorde al ambiente creado dentro.
Bajo una pintura de un teclado, espera un piano brillante. Las mesas estan casi todas ocupadas, incluído un amplio reservado.
La carta es breve, mas que los cuatro platos que dicen en la web, pero variada.

Elegimos un pastel de verduras,muy rico, delicado, sobre una espuma de mayonesa casera.

Un flan de foie verdaderamente impresionante, suave con la presencia del foie de manera clara, pero delicada.

Delicias de bacalao, muy ricas, segun Bettina,deliciosas.

Timbal de cordero y verduritas, también delicioso, y que llamaba la atención que el cordero permitía que las verduras se pudieran paladear en todo su sabor.

De postre, un sorbete de manzana con menta y una cuajada con crocanti de nuez que solo diré como ilustración que no soy muy amante y sin embargo me la devoré entera paladeando la mezcla de crocanti, suave meregue y cuajada.
El vino, blanco, ya que Bettina no es muy de tintos, fue Libalis, una agradable sorpresa.Un vino con perfume a peras, notas varietales muy nítidas de la moscatel, cítricos, notas cremosas, piña, maracuyá, elegante; el paso de boca es untuoso, con algo de cítricos , gran persistencia, ligero y agradable amargor final, lo que apacigua la explosión frutal del comienzo transformándolo en un vino, para nada dulce como se podría pensar a priori.Me gustó tanto que me compré una botella para que Manuel la pruebe.

Un detalle que han imitado de la vecina Rioja, te ofrecen la botella mediada de vino para que la lleves a casa.

Luego de unas infusiones, pendientes de mi función en Navarra. Nos despedimos.
La lluvia dejaba ríos por las calles intercambiamos botellas de recuerdo, un Moraima que se que le va a encantar y un orujo de miel de Tiermes, para nuestra casa.
En la carretera, me fui paladeando el encuentro, este cruce de caminos que la vida nos ha regalado, paradójicamente, no en el lugar donde nacimos,a pocas calles, ella unos años antes que yo, sino a 9500 km de donde nuestra historia se empezó a escribir, pero que como buena historia hoy tiene derroteros lejanos.
Para dar mas viso de novela, como diría Leonardo Favio… y llovía, llovía.
Un encuentro, un regalo que ojalá se repita.
Se te quiere amiga.

Hotel La Merced de La Concordia.Plaza La Merced 2. Tarazona 50500 (Zaragoza)
Tlfn 976 199 344-
La comida, mas vino e infusiones- 67 euros. Uno de los mejores sitios de la comarca, sin dudarlo

Pollo con mango

Hace unos días Tere, en La Sopa Gansa, nos regaló una delicia de pollo con coco. Prometi pasarle alguna de las recetas que hago en el wok y aqui va.
El wok es en nuestra casa, desde hace cuatro años, uno de los cacharros mas utilizados. Por sano, por rico y rápido, tiene todas las papeletas ganadoras, ya que le puedes echar lo que se te antoje, cualquier verdura, carne, pescado, mariscos etc. Solo hay que agregar a la lista de especias habituales, jengibre, fresco (que se puede congelar) o en polvo, salsa de soja, limas y granos de sésamo.

He aqui la receta.
Pollo con mango

Muslitos de pollo
1 trozo de jengibre fresco de 2cm, rallado
1 diente de ajo chafado,
1 guindilla roja
1 pimiento verde o rojo
200 gr de habitas tiernas o tirabeques
100 gr de maíz
100gr de brotes de soja
1 mango grande
3 cucharadas de soja
3 cucharadas de vino de arroz o vino dulce (opcional)
Granos de sésamo

Colocar en un cuenco, el pollo con el jengibre, el ajo, la guindilla. Masajear los muslitos con la mezcla. Dejar reposar.
Cortar en tiras el pimiento y en gajos el mango.
Colocar en el wok un chorrito de aceite y saltear con vaivenes los pimientos. Retirar.
En ese aceite colocar el pollo y dorar removiendo.
Agregar las habitas, el maíz y el pimiento.
Mezclar el vino de arroz o el vino dulce, con la soja, rociar.
Agregar el mango, espolvorear los granos de sésamo. Dorar un par de minutos y servir.

Si pudiera me sonrojaba

Pero este color que dios me ha dado, no me deja. Es que a la mañana, café mediante estaba leyendo blogs amigos, cuando un post de Borralleira, me trajo a la memoria un recuerdo que ahora me hace reír, pero que en su momento me acaloró bastante.
Puedo justificar mi metida de pata con una excesiva y envidiada juventud, o con mi deseo inmenso de probar algo de lo que solo había leído.
Para mí la palabra judío se relacionaba con un compañero de clase que me robaba las galletitas y que los demás acusaban en forma de insulto, gritándole su condición, con Ana Frank y el señor que le venía las corbatas a mi padre en una venerable tienda de Montevideo. Poco más.
Cuando me tocó hacer mi primer vuelo transoceánico, sentí que por fin iba a hacer realidad mi sueño de volar con “clase y categoría”
Idea extraña que creo que me habían metido en la cabeza las novelitas de Danielle Steel y Corín Tellado. Algo que en mis vuelos a otros países latinoamericanos no había vivido. La comida me había parecido insípida y por ningún lado me llovieron las copas de champam. Pero yo no me desanimaba, estaba segura de que al volar a “EUROPA” todo sería distinto.
Así que sin dudarlo cuando la señorita de Iberia me preguntó qué clase de comida quería, yo respondí: “kosher”
En algún lugar me sonó una alarma, pero la reprimí.
La excitación del viaje y los preparativos del espectáculo que presentaría, me llevaron a olvidar mi extraño pedido.
Cuando ya estábamos “en altura crucero”, la azafata me acercó una bandeja que tenía etiquetas de colores diferentes a los demás. Felicité para mis adentros a la compañía que había recordado mi deseo infantil de conocer esta comida, cuando veo que el señor de la derecha me clava la mirada, me sonríe y me dice que coma tranquila que en Iberia siguen con respeto la kashrut.
Su mujer me suelta un:” Ma shlomej” y ataca la bandeja.
A partir de ahí una constante mezcla de angustia, risa y vergüenza. Eran tan amables conmigo que no me atrevía a decir nada, menos mal que yo no hablaba ni pío de inglés y ellos recordaban muy poco de hebreo. Lo que les habrá llenado de preguntas sobre esta judía negra que por suerte nada podía decir, más que maldecir mi larga lengua. Cómo mujer estaba exonerada de muchos de los rezos que los cerca de diez hombres judíos que venían en el avión, se levantaron a realizar cerca de los baños. Pero no me libré de que me echaran agua en las manos y de la “Mode Ani” por la mañana temprano, mientras sobrevolaba Madrid.
Por las páginas del libro que leí en aquel vuelo debe de andar la tarjeta que me dio uno de ellos mientras se despedían amigablemente y por mi cabeza quedó durante años la sensación de que la comida apta de los judíos era malísima. (No sabía por aquel entonces que TODA la comida de avión sabe extraña) Años más tarde, en un excelente restaurante de Buenos Aires, una querida amiga me desasnó y descubrí las maravillas de esta comida que siempre que puedo disfruto.
Y que parece ahora cerca de casa, tendré la oportunidad de degustar una vez mas.