
Otro de los dulces que la infancia de mi país regalaba a los niños, era la torta de cumpleaños.
Y no solo la tarta en si, sino el festín que se desarrollaba alrededor de todos los “restos” de los ingredientes necesarios.
¡Porque la tarta, se hacía en casa!
Recuerdo con particular deleite y cierto rencor, las tortas de mi abuela. Deleite porque era muy buena cocinera y mejor pastelera y rencor, porque había que compartir con mis primos, los recortes de masa, las cucharadas de almíbar, los huevos con azúcar, el dulce de leche, la compota de durazno y el glorioso merengue!
En la familia había dos tartas de cumpleaños, las de invierno y las de verano.
Las de invierno rebozaban de chocolate y de nuez. Las había de varias maneras, selva negra, sacher, marmolada… Todas ellas acompañadas de un chocolate a la taza a la que mi abuelo agregaba un huevo batido al final, un churrete de crema agria o un chorrito de grappa para los mayores.
Y luego estaban las de verano, donde el ingenio popular debía inventar ricas tortas que no necesitaran de nevera, ya que por aquel entonces la luz eléctrica no había llegado a todo el campo de Uruguay y la nevera a queroseno, se reservaba para la casa del patrón.
Mi abuela comenzaba temprano, en la mañana del homenajeado, eso si no había dejado listo de la noche anterior, a preparar el bizcochuelo. Tenía reservados, los huevos de ciertas gallinas, para que el dorado se instalara en la masa, como un sol.
Una lluvia de azúcar caía dentro de un gran cuenco “enlozado”, única compra permitida a unos gitanos, ya que era “de lo mas bonito con esa flor en el medio”.
Luego dos tenedores de los mas grandes, hacían las veces de batidor.
Hipnotizaba el movimiento del brazo y las volutas doradas de masa que se dibujaban cada cierta frecuencia de tiempo, para incorporar aire a la mezcla.
Cuando los huevos “aclaraban” con el azúcar, se agregaba una lluvia fina de harina, con un tamizador enorme. Luego, poco a poco la leche que traía la sombra de la gordura, porque estaba ordeñada desde la madrugada.
Yo rodeaba la mesa con impaciencia, anhelando tener la fuerza para sacudir el cernidor, pero me tenía que conformar con arrodillarme sobre una silla que apoyaba el respaldo en la mesa y dibujar con el dedo sobre la nube de harina que alli quedaba.
La cocina a leña ya estaba templada y entonces mi abuela, rallaba limón, de los que yo había arrancado y enmantecaba el molde.
Una lata de dulce de batata de tres kilos reciclada, daba una tortera inmensa, redonda y capaz de albergar un bizcochuelo, esponjoso y alto.
Cuando estaba listo, se dejaba enfriar y mientras íbamos al baúl que estaba al lado de la cama “grande” a sacar los manteles, el aroma a limón y huevo impregnaba el patio.
Comenzaba entonces la mejor parte. El relleno y el baño.
El bizcochuelo se cortaba en varias capas, que se rellenaban de dulce de leche, cada capa se humedecía con el almíbar que se creaba al hervir melocotones de la huerta con azúcar . Y esos mismos melocotones se cortaban en rodajas. Cuando la torre de tarta quedaba inmensa ( a mis ojos) aun crecía mas, porque llegaba el cuenco con el merengue. No cualquier merengue, el italiano. El capaz de resistir el calor de manera imperturbable. El que mantenía firmes las piruetas que la mano de mi abuela dibujaba sobre la tarta. El que se hacía cumpliendo una regla sagrada, por cada clara 30 gr de azúcar y una cucharada. Cada cinco claras, 50 ml de agua. En una cacerola se hacía un almíbar a punto bola floja y las claras se batían a nieve con las cinco cucharadas.
Desde entonces me atrae esa gota de almíbar que queda durmiendo entre los dientes del tenedor y que era el primer regalo de la abuela. Luego estaban los tenedores del batido,segundo regalo. El hilo plateado del almibar brillaba en medio del mar de espuma de las claras y llegaba el tercer regalo, la olla del caramelo.
Cuando el merengue estaba en su punto, en el momento equilibrista de inclinar el cuenco y no caer nada, llegaba el trabajo mágico de la manga de decorar.
Golpes secos que dejaban una lágrima, sobre la superficie, churretes alargados para el borde y caracoleados para el lateral. Cada huequecito se rellenaba de mas lágrimas de merengue.
Un mar de azúcar cubría la superficie dorada y transformaba la tarta en una torre nevada.
Todos mirábamos ansiosos, anhelando que el merengue cubriera cada rincón, pero que sobrara, que quedara en la manga de lienzo un resquicio, un trazo que nos endulzara la tarde.
Y por milagro, o buen cálculo de la abuela, quedaba merengue suficiente para blanquear lenguas y bigotes. Los dedos recibían el decorado de la manga, que te dejaba soles en la palma, lunas, alguna flor, puntitos, mariposas que se disolvían a lenguetazo limpio.
Luego la siesta, y el baño, y los zapatos nuevos, y el vestido y los primos jugando a la farolera y al escondite y la pizza, el fainá, las empanadas, los “sanguches” de mortadela, el jugolín y la mirinda para el momento estelar, para “elqueloscumplasfeliz”.
Ya oscurecido, correr a cazar bichitos de luz, meterlos en un frasco y dormir con una linterna mágica de luciérnagas y de luna de merengue.

El verano ha llegado y celebraremos hoy los cumpleaños de los niños de Teixeiro. Buscando una tarta que sobreviva fuera de la nevera, recordé la de mi casa. Seguí paso a paso el ritual del almíbar, las claras, el azúcar y aqui el resultado.

Esperemos que sobreviva los 60 km, el calor, los controles y que cuando llegue a los niños, esté tan bella como las que yo tuve. Y quiera la vida que en próximos años, no tengan que estar apagando sus velas en un sitio tan triste, a donde han ido a parar por errores de sus madres y que puedan coger bichos de luz y correr por el campo y jugar con los primos y sentir que les pican las piernas de tanto bicho colorado. Esos bichos que solo te pican cuando corres libre por el campo.





La Hora de Quevedo- Baltasar Magro.
Los cinco narradores de Bagdad.
Objetos Frágiles-Neil Gaiman. Roca Editorial
Firmin.Sam Savage. Ed.Seix Barral
Confusión e Morte de María Balteira. Una maravilla de
Marica Campos.
El último libro de
Flavio Morganti. "Vacas". Su dignificación sexual y gastronómica. Ed. Everest


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Junio 28th, 2008 at 9:48 pm
Hola amiga
Hubo muchos problemas con la anterior encuesta de preselección, al parecer no admitía votar en el 90% de los intentos. Por ello se cerró con ese servidor a las 14:30 y se abrió de nuevo en otro servidor, esta vez dividiendo en 5 grupos, para hacerlo mas fluido para el votante.
El total de la anterior encuesta se sumará a la nueva. Se aperturó el nuevo proceso a las 14:45.
Espero estés en la final que empieza el martes y que tu lindo blog sea de los 5 mas votados.
Un abrazo y disculpa los inconvenientes
Junio 29th, 2008 at 3:07 am
Hola Sole!!!
Una delicia de postre y una hermosísima decoración. Un post muy dulce y a la vez tierno y gastronómico.
Un abrazo desde mi alma, aún con la sensibilidad a flor de piel por la partida terrenal de mi padre!
Junio 30th, 2008 at 4:43 am
ta me morí con éste post!
me lo guardo para comerlo el próximo martes en mi cumpleaños donde no habrá torta, bueh, la única torta soy Yo! jajajaja
te me recordaste a los biscochuelos de cumple de cuando era chica …uff…con las perlitas…