Llegué al aeropuerto y corrí a la estación de autobuses que me llevaría a mi destino final. En las pantallas no aparecían los horarios correctos. Pero primero, lo primero.
Peleando con el portátil, la maleta y la bolsa de la cámara de fotos, entre al baño. El foulard se me enredó en la puerta. No sé qué extraña conjunción se da en los planetas para que cuando una va mas cargada, se nos ocurra colgarnos trapos y colgajos que nos van complicando la vida, con asas que se caen o flecos que se enredan.
Al salir, me senté aliviada de ver que aun tenía tiempo para un café… si hubiera estado abierta la cafetería de la estación, que ya lleva en obras varios meses.
Decidí entretener la somnolencia que me ataca siempre después de bajar del avión, mirando alrededor.
En el asiento de al lado, una mujer con la edad del tiempo, ponía su robusto y corto brazo al servicio del cuerpecito de una bebé que estiraba piernas y brazos con placer, regodeando su cabecita en la mano mas cuarteada que he visto jamás.
No sé si la niña era guapa, al menos yo prefiero otros bebés, pero era graciosa y llamaba la atención, porque estaba vestida como para regalo.
Sus grandes ojos, eran como bolones blancos en medio de su morenísima cara, sus ricitos apretados sobresalían apenas un milímetro de su cabeza. Una cinta rosa le rodeaba la frente y se perdía en la nuca. Un vestido rosa, con puntillas y rococó, calzones con volantes y zapatitos a juego, completaba la estampa. Tendría dos meses y la energía de muchos años por delante.
La abuela descubrió mi mirada y me la presentó:- Marisol, te presento a…
-…Marisol-dije yo sonriendo por la coincidencia. Que no era del todo cierta, pero tampoco mentira, porque el largo mariasoledad de mi madre, en mi infancia era acortado por mi padre en un Marisol más sonoro.
-Usted no está aquí por casualidad, me dijo
-Abuela deja eso ya, dijo la guapa madre de la niña que llegaba con el billete en la mano. Discúlpela.
-No se preocupe-le contesté- no me molesta. Además es cierto, no estoy aquí por casualidad. Voy camino a Zaragoza. Empiezo allí mi gira de teatro, para celebrar el Día de la Mujer.
-Eso está muy bien-dijo la abuela- aquí las mujeres hablan y se las escucha. Por eso me traje aquí mi nieta.
Mi olfato de cuentera, me dijo que allí había una historia.
Al llegar al bus, varias mujeres rodearon a Marisol y su madre. La abuela, de pie, era más pequeña, pero impactaba mas con su pañuelo de mil colores anudado de manera increíble sobre su cabeza.
Coincidencias extrañas me dieron el asiento al lado del bebé, la abuela estaba detrás, con una de las chicas rubias que se negaba a sacar su dedo de la manito de Marisol.
Ofrecí darle mi sitio, aceptó encantada y yo me fui con la abuela.
Guardó silencio un rato. Cuando su cuerpo se amoldó al vaivén del autobús, su respiración se acompasó y yo vi venir la historia.
Su voz me habló de una tradición horrorosa, que había ido sesgando la vida de casi todas sus hijas. Sabía, mientras veía crecer a la nieta que se había llevado en el parto a la última, que en breve vendrían las otras mujeres de la aldea, para sanarla, para quitarle esa parte del cuerpo que contagia y ensucia. Las tradiciones son buenas, reflexionó contenida, si no hacen daño.
Yo no quería que mi niña sufriera lo que yo había sufrido y lo que permití que sufrieran mis hijas. Ya estaba bien, nadie me lo dijo. Lo vi yo, eso no era bueno. Así que reuní lo poco que tenía y decidí partir. Pero se dieron cuenta. Yo había hablado cuando no debía.
Cuando huí, era de noche, pero sentía en mis brazos la sangre que salía como un río grande, de dentro de mi niña. La sangre de la cara no me preocupaba, son las marcas que te hacen en las mejillas. Para que se sepa que estas limpia. Estas, ¿ve? Secan. Pero lo de abajo. Yo sentía que la vida se estaba escapando por allí abajo.
Sus ojos húmedos, brillaban como guijarros negros, y en ellos vi sus días de sol y sed, su marcha eterna hasta un dispensario médico. La agonía de su nieta que era suya.
Ya sana, tocaba ponerla a salvo. Oyó hablar de un país donde podía empezar de nuevo. Y trabajó en todo lo que le ofrecieron e imploró. Casi sin dormir, durante meses, con la niña atada de su cintura para no perderla, trabajó y ahorró todo lo que ganó.
Llegó aquí, cuando ver negros era raro.
Mi niña fue a la escuela- dijo alardeando de la única fortuna que tiene- Aprendió rápido.
Luego al instituto y a una escuela de secretarias. Ahora está en casa porque nació la niña. Volverá dentro de poco. Hoy vamos a Zaragoza. A que la conozcan los de la familia. Y voy a hablar con ellos. Están pensando llevar a sus niñas para allá. No están muy seguros, porque saben que hay leyes aquí. Pero yo les quiero hablar. Yo les quiero contar de mi nieta, de cómo el médico ha peleado en el parto para que no muera. Llevo esta revista, mire, aquí lo dice, miles de mujeres mueren por esto. Le llaman ablación, en mi lengua es distinto. Pero esto es así.
Es peor. Yo estuve allí. Te cortan todo, con un cuchillo o con hojas de afeitar afiladas. Los gritos se escuchan desde lejos. Nunca más puedes ir al baño sin dolor. Los hijos, son más dolor y muerte.
Mire la hija de mi nieta. Tiene la cara preciosa y nadie le hará marcas, ni ahí ni abajo.
Ni muerta yo, porque seguro volvería mi espíritu a pelear por ella.
Marisol es una rama nueva de mi familia, una rama que esta entera. Con su madre queremos que sea doctora y que sane a otras mujeres. Solo así volveré allá. Con ella, para hablar y contar a las mujeres que allí están, que hay tradiciones que hay que dejar. Que las mujeres podemos salir de la pobreza y crecer sanas, con hijos sanos que estudien y hagan grande la familia. Yo se que se puede. ¿Usted me entiende verdad? ¿Me entenderán ellas? Quisiera saber más palabras para poder decirlo mejor.
En silencio las dos miramos hacia Marisol que dormida, tenía el dedo blanco de la chica que reía con la madre hablando de un cantante. Me hubiera gustado fotografiar ese momento.
En menos de tres metros cuadrados, había miles de km reunidos, miles de historias y una voz en común.
Quise trasmitirle a la abuela, tranquilidad, que no necesitaba más palabras que las que había utilizado conmigo, porque lo que no había dicho, había vibrado en sus manos, huellas de tanto dolor, en sus ojos, miradas largas de caminos lejanos, en sus pies incansables a la hora de caminar por un futuro.
Le prometí que contaría su historia, la historia de su nieta y de la hija de su nieta, la niña que lleva en su venas la luz de la nueva mujer. La niña sin marcas, que lleva en su sangre la memoria del dolor y que luchará por ello.
Si un día se cruzan con una médica, morena, de nombre Marisol, díganle que su abuela, era una gran mujer. Y entonces recién ahí, esta historia estará bien contada.
Si desean saber datos o maneras de colaborar de alguna manera Fundación Waris Dirie





La Hora de Quevedo- Baltasar Magro.
Los cinco narradores de Bagdad.
Objetos Frágiles-Neil Gaiman. Roca Editorial
Firmin.Sam Savage. Ed.Seix Barral
Confusión e Morte de María Balteira. Una maravilla de
Marica Campos.
El último libro de
Flavio Morganti. "Vacas". Su dignificación sexual y gastronómica. Ed. Everest


Premio Arte y Pico otorgado por
Otorgado por
Otorgado por Siry desde sus
Mayo 30th, 2008 at 8:51 am
Ok no puedo comentar, se me nubló la vista y se me puso la piel como carne de gallina. Así que ya imaginarás lo que pienso.
Tenés un don, el saber contar. Y lo usas muy bien, a dios gracia!
Un abrazo.
Mayo 30th, 2008 at 11:09 am
Estremecedora, impactante pero a la vez con esperanza. Gracias por ello. Un saludo Soledad.
Mayo 30th, 2008 at 1:04 pm
Llegará un dia, ojalá, que esta historia sea sólo un cuento, una cuento como una pesadilla pero que llegó a su final feliz, como deben de tener todos los cuentos.
Tu encuentro con la abuela de Marisol, como ella misma dice, no fue por casualidad, y nos dejas a todos aqui sus palabras y su lucha pero contado de forma tan hermosa…..
gracias Sole
Mayo 30th, 2008 at 3:26 pm
Es una suerte que en la áspera manta de la humanidad se entrelacen hebras suaves y brillantes como las tuyos.
Tenés el don de hacerte invisible para que personaje y lector vivan una experiencia íntima, arropados por la calidez de tu voz y la tersura de tus hilos.
Gracias!
Mayo 30th, 2008 at 7:06 pm
…”Cada existencia tiene sus vaivenes,que es como decir sus pormenores.El tiempo es como el viento,empuja y genera cambios.De pronto nos sentimos prisioneros de una circunstancia que no buscamos sino que nos buscò.Y para liberarnos de esta gayola es imprescindible pensar y sentir hacia adentro,con una suerte de taladro llamado meditacion.De pormenor en pormenor vamos descubriendo el exterior y la intimidad,digamos el milimetro de universo que nos tocó en suerte.Y solo entonces,cuando encontramos al muchacho o al vejestorio que lleva nuestro nombre,solo entonces los pormenores suelen convertirse en pormayores.”
MARIO BENEDETTI
gracias Sole
Mayo 30th, 2008 at 7:15 pm
Una historia que nos deja una buena reflexión. Si un día encuentro una médica con esas características, sí, le diré de su abuela luchadora y de tí también. Una utopía parece pero me vuelve romántica y sensible.
Un abrazo para tí Sole!
Mayo 30th, 2008 at 10:21 pm
Uuffff… bueno… creo que las manos cuarteadas sosteniendo a esa bebe llena de energía, lo dice todo… es la foto que me guardé, para no olvidar.
Un abrazo
Mayo 31st, 2008 at 12:01 am
Al final de un día agitado, pasar por aqui y sentir las emociones de todos basta para saber que era una historia para contar.
Un beso a todos y buen fin de semana
Mayo 31st, 2008 at 12:02 am
Ana, Benedetti desde su inmensidad sabe decir las palabras que se esconden en nuestro corazón.
Un beso y ánimo