Pero este color que dios me ha dado, no me deja. Es que a la mañana, café mediante estaba leyendo blogs amigos, cuando un post de Borralleira, me trajo a la memoria un recuerdo que ahora me hace reír, pero que en su momento me acaloró bastante.
Puedo justificar mi metida de pata con una excesiva y envidiada juventud, o con mi deseo inmenso de probar algo de lo que solo había leído.
Para mí la palabra judío se relacionaba con un compañero de clase que me robaba las galletitas y que los demás acusaban en forma de insulto, gritándole su condición, con Ana Frank y el señor que le venía las corbatas a mi padre en una venerable tienda de Montevideo. Poco más.
Cuando me tocó hacer mi primer vuelo transoceánico, sentí que por fin iba a hacer realidad mi sueño de volar con “clase y categoría”
Idea extraña que creo que me habían metido en la cabeza las novelitas de Danielle Steel y Corín Tellado. Algo que en mis vuelos a otros países latinoamericanos no había vivido. La comida me había parecido insípida y por ningún lado me llovieron las copas de champam. Pero yo no me desanimaba, estaba segura de que al volar a “EUROPA” todo sería distinto.
Así que sin dudarlo cuando la señorita de Iberia me preguntó qué clase de comida quería, yo respondí: “kosher”
En algún lugar me sonó una alarma, pero la reprimí.
La excitación del viaje y los preparativos del espectáculo que presentaría, me llevaron a olvidar mi extraño pedido.
Cuando ya estábamos “en altura crucero”, la azafata me acercó una bandeja que tenía etiquetas de colores diferentes a los demás. Felicité para mis adentros a la compañía que había recordado mi deseo infantil de conocer esta comida, cuando veo que el señor de la derecha me clava la mirada, me sonríe y me dice que coma tranquila que en Iberia siguen con respeto la kashrut.
Su mujer me suelta un:” Ma shlomej” y ataca la bandeja.
A partir de ahí una constante mezcla de angustia, risa y vergüenza. Eran tan amables conmigo que no me atrevía a decir nada, menos mal que yo no hablaba ni pío de inglés y ellos recordaban muy poco de hebreo. Lo que les habrá llenado de preguntas sobre esta judía negra que por suerte nada podía decir, más que maldecir mi larga lengua. Cómo mujer estaba exonerada de muchos de los rezos que los cerca de diez hombres judíos que venían en el avión, se levantaron a realizar cerca de los baños. Pero no me libré de que me echaran agua en las manos y de la “Mode Ani” por la mañana temprano, mientras sobrevolaba Madrid.
Por las páginas del libro que leí en aquel vuelo debe de andar la tarjeta que me dio uno de ellos mientras se despedían amigablemente y por mi cabeza quedó durante años la sensación de que la comida apta de los judíos era malísima. (No sabía por aquel entonces que TODA la comida de avión sabe extraña) Años más tarde, en un excelente restaurante de Buenos Aires, una querida amiga me desasnó y descubrí las maravillas de esta comida que siempre que puedo disfruto.
Y que parece ahora cerca de casa, tendré la oportunidad de degustar una vez mas.




Los cinco narradores de Bagdad.
Objetos Frágiles-Neil Gaiman. Roca Editorial
Firmin.Sam Savage. Ed.Seix Barral
Eduardo Galeano.Siglo XXI
Confusión e Morte de María Balteira. Una maravilla de
Marica Campos.
El último libro de
Flavio Morganti. "Vacas". Su dignificación sexual y gastronómica. Ed. Everest
Angeles Mastretta. "Maridos" es la pareja editorial de Mujeres de Ojos Grandes. Editorial Seix Barral



Premio Arte y Pico otorgado por
Otorgado por
Otorgado por Siry desde sus
Abril 1st, 2008 at 9:53 pm
…que placerrr leerte..
un beso
Abril 4th, 2008 at 6:27 pm
Qué anécdota tan divertida y tan llena de evocaciones…
Me encantó, Sole!!!!
Se me han disparado mil recuerdos de situaciones parecidas (es que soy la reina de la metida de pata) y las ganas de ponerlas en letras.
Este es el valor de la blogosfera: conectarnos con las sensaciones y las impresiones internas de la vida cotidiana; y retroalimentar nuestros pensamientos. Es como un diálogo profundo…
Un besito