
Para mi padre que ya no está, para mi madre que sigue ahí
Dijimos que ibamos a la biblioteca. Como era lo normal en las mañanas calurosas de febrero, mi madre no sospechó.
Cogimos el 107, El Especial de Copay, el bus que se tomaba en Avenida Salto y te dejaba en el centro.
Mi padre hablaba, pero mi eterna pasión por él solo me dejaba absorber lo que decía y memorizar el olor a tabaco de sus camisas marrones. Solo cuando vi el letrero de las ya cerradas tiendas Paris-Londres, me desperté de mi ensueño y salté con él de la mano a la vereda.
Fuimos directo a Casa Torri, alli cogimos tres cajitas iguales, una para mi hermana, otra para mi y otra para él.
Paseando bajamos calle Zorilla, con un helado de limón de Heladerías Sandú.
En la Plaza Bella Vista, saludamos a Mary y elegimos un libro mas de la colección Robin Hood y el número 24 de Tarzán, el terrible episodio de las Tinieblas del Hombre Mono.
Regresamos y mientras mi padre distraía a mi madre, yo escondí en la caja de pesca los regalos.
Pero nada salio como estaba previsto.
El 25 a la mañana, el mate se vio interrumpido, cuando su mano grande cubrió sus sienes. Sus ojos se apretaron conteniendo el dolor. Yo intentaba bajarle el brazo que apretaba su cabeza, pero no se movía. Mi madre corrió a llamar por teléfono.Luego la ambulancia, mis ojos clavados en la pared celeste de la cocina, la señora de Pereira que nos llevaba a su casa, mientras su marido le susurraba a mi padre:-Capitán tranquilo, que la tropa queda a cargo de su cabo.
Durante ese día fueron llegando mis tíos, los que solo venían del campo para ir al banco o al doctor, y hablaban bajito y me miraban largo y mi abuelo parecía mas bajo, él, que tenía las rodillas mas altas que yo había visto jamás.
Y yo solo quería ir a casa. Y llegó la noche y las oraciones de la catequesis me venían a la cabeza, pero mi hermana no debía verme, porque mientras yo no tuviera miedo, ella tampoco. Asi que me fui al baño y me hice un altar con la cortina, que era celeste, como la cocina, como eso que estaba pasando y no entendía y le pedí no se muy bien a quien, que se llevara cualquier cosa, pero a mi papi no, a mi papi de los libros, de la armónica tanguera, de la mano bajo mi panza para que flotara en la playa Mayea, de los secretos entre él y yo y nadie mas en el mundo. Mi papi, no.
Y fue 26 y bajo la supervisión del nieto de los Pereira, fuimos a casa a buscar lo que estaba escondido en la caja de pesca y cuando llegó el taxi, solo vimos a Mamáquecumpleaños, pero quien bajaba traía la mirada empapada de una mujer que acababa de quedar sola. Y encima de la mesa de cármica del comedor quedaron las tres cajitas abiertas. Como una premonición, una mamá cisne con sus dos cisnecitos, una mamá perra con sus dos perritos y una mamá gata con sus dos gatitos.
Y desde entonces ya nada fue igual.
Desapareció la cocina, y la casa que había alrededor de la cocina, desaparecieron las mañanas en el Club de Pescadores y las tardes de paseo, desapareció la risa y los abrazos de mi madre que ahora estaba mas preocupada-asustada por sacar sola y con 30 años unas niñas adelante, que en arroparles el alma. Y nunca mas hubo tarta de cumpleaños para mi madre los 26 de febrero, porque solo había lugar para flores en el cementerio.
Desde entonces odio el celeste y no rezo a nada y no fui mas por la Mayea, ni abrí el número 24 de la zaga de Tarzán, y quemé la caja de pesca y me erizo cuando veo porcelanas y no se como llamar a mi madre y a través de 9545 km, hacerle entender que es su cumpleaños, que ya pasó mucho tiempo, que ya terminó el duelo, que quisiera, aunque sea una vez verla sonreir y abrazarnos como antes.
A mi que se supone que me brotan las palabras, que me han llamado en titulares “Palabrera”, “Maga de las palabras” y mil lindezas, no me viene ninguna con poderes especiales, que haga que el telón del dolor de mi madre caiga para siempre.
Si las encontrara, las envolvería en el papel de regalo mas bonito que encontrara, de esos que a ella le gusta guardar plegados en un cajón, no por ecologista, sino por sabedora de lo que salen las cosas, y le pondría un lazo enorme, de esos que ella usaba en el jardín para espantar a los pájaros y no le comieran las arvejas y me presentaría, por única vez en la vida y solo por dejarla contenta con el pelo recogido en un apretado moño y con una falda recta y una blusa blanca y le diría ¡Feliz Cumpleaños! con todas las ganas que me quedaron dentro, aquella mañana de hace tantos años, que el celeste de las paredes, hoy es blanco.





La Hora de Quevedo- Baltasar Magro.
Los cinco narradores de Bagdad.
Objetos Frágiles-Neil Gaiman. Roca Editorial
Firmin.Sam Savage. Ed.Seix Barral
Confusión e Morte de María Balteira. Una maravilla de
Marica Campos.
El último libro de
Flavio Morganti. "Vacas". Su dignificación sexual y gastronómica. Ed. Everest


Premio Arte y Pico otorgado por
Otorgado por
Otorgado por Siry desde sus
Febrero 27th, 2008 at 12:32 am
Qué tanta emoción en tus palabras y en leerlas …
No se puede decir más
Un abrazo fuerte
Febrero 27th, 2008 at 1:10 am
Te dejo un abrazo…extraña coincidencia mi madre también nació un 26 de Febrero amiga.
Febrero 27th, 2008 at 1:46 pm
Espera, creo que se me desbordaron un poco los sentimientos, pero si un día necesitaba hacerlo, era ayer.
Que cruces de vida amiga, madres gemelas a miles de km.
Un beso a ambas